Text 30 Dec

“La atención principal  de la sociedad rusa de ese tiempo la concitaban las reformas internas que estaban siendo llevadas a cabo en aquel momento por el emperador en todos los rincones de la administración estatal. Fue aquel período inicial del reinado que siguió al de la zarina Catalina la Grande, largo y prolongado, en el cual todo lo antiguo y anterior se consideraba anticuado e inservible y en el que además del impulso de cambiar lo fastidioso y dejar a las fuerzas jóvenes proceder a sus anchas, y aparte del motivo de que los defectos del Antiguo Régimen eran visibles y sus ventajas imperceptibles, se presentaban también numerosas razones de por qué es necesario eliminar lo viejo e introducir lo nuevo. Todo cambiaba, seguramente como un nuevo inquilino rehace su casa, en la que su predecesor ha vivido mucho tiempo antes de él. Era aquel momento temprano del reinado que cada pueblo vive unas cinco veces en un siglo. Un período revolucionario, diferente de lo que llamamos “revolución” solo por el hecho de que el poder está en manos del antiguo gobierno, y no del nuevo. En estas revoluciones, como en todas las demás, se habla del espíritu de los nuevos tiempos, de las exigencias de este tiempo, de los derechos del hombre, de la necesidad de que impere la sensatez en la estructura del estado y de la justicia en general. Bajo el pretexto de estas ideas, también entran en liza las pasiones más irrazonables del hombre. Pasarán el tiempo y las ganas, y los antiguos introductores de lo novedoso se aferrarán a su antiguo orden nuevo, ahora anticuado, y defenderán la decoración de su casa frente a la juventud que crece, que de nuevo quiere y necesita satisfacer su necesidad de probar fuerzas. Y exactamente del mismo modo ambas partes esgrimen argumentos que consideran ser la verdad; unos sobre el nuevo espíritu de los tiempos, los derechos del hombre y demás, y otros sobre el tiempo consagrado al derecho, las ventajas de lo conocido, lo acostumbrado, etc. Ambas partes solo aspirarán a satisfacer las necesidades de las edades del hombre.

Como siempre, los introductores de lo nuevo en 1809 tenían un ejemplo a imitar, y ese ejemplo era en parte Inglaterra y en parte la Francia napoleónica.”

(…) “Tantos unos como otros pensaban que el destino de la humanidad, y seguramente de Rusia y de todos los rusos, dependía precisamente de sus discusiones sobre la entrada o no entrada en vigor del decreto sobre los ministerios o los exámenes. Y precisamente en esto, como siempre, se confundían. Excepto aquellos que en esas discusiones encontraban la alegría de vivir, nadie estaba de humor para ministerios, exámenes, la emancipación de los campesinos, la entrada de jueces y demás. La vida, con sus intereses existentes en la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, el amor al hermano y a la hermana, al hijo y al padre, a la esposa y a la amante, discurría más allá de los decretos sobre los ministerios y los colegios. Como siempre, la vida con sus intereses en el trabajo y el descanso, el deseo y la pasión, las ideas y la ciencia, la música y la poesía, transcurre más allá de cualquier disposición estatal.”

Lo anterior es un extracto de “Guerra y Paz”, de Tolstói. 

Yo sólo puedo agregar: Feliz Año Nuevo.

Text 17 Dec Democracia Cristiana

No soy un estudioso de la historia de la Democracia Cristiana, pero en atenta observación de los últimos diez años y del pensamiento que los ha animado en su historia, algo se puede decir.

Tal como dice Alfredo Jocelyn Holt  en algún ensayo por ahí, es de los hechos políticos más asombrosos del siglo 20 que los hijos de los dueños de fundo quisiesen hacer una reforma para repartir las tierras de sus padres. Es delirante, y ocurrió en los 60 en Chile. El pensamiento que los alentaba venía en buena medida de Jacques Maritain, filósofo francés de origen protestante que junto a su esposa judía se convirtió al catolicismo cuando era todavía un veinteañero, todo esto por influencia de un escritor: Leon Bloy (el mismo que con sus libros influiría, a su vez, en un quinceañero Borges).

En su libro “Pensamiento y acción” Eduardo Frei Montalva cita la frase de Cicerón “la libertad es participación en el poder”. A continuación, en el párrafo siguiente, intenta contrapesar esta frase argumentando sobre los peligros del socialismo burocrático. Todo el libro está marcado por este intento de buscar un camino intermedio que permita modelar un “capitalismo con rostro humano”. 

Hace un tiempo conocí a un tipo de 23 años que está dentro de la Democracia Cristiana, y me pareció al principio como un aficionado a la filatelia, o esa gente que en los parques ensaya pelear con espadas al estilo medieval, como me ha tocado ver hace poco. Pero en realidad la concesión que parece haberle dado la sociedad chilena a la Democracia Cristiana sigue en alto y el centro que ocupa continúa teniendo una importancia estratégica en la política chilena. Y para el equilibrio síquico de la nación, incluso.

Ultimamente sus ideas se han reciclado a través de las ONG, en donde las nuevas generaciones de sensibilidad de centroizquierda han demostrado ser increíblemente eficientes en organizar capital humano y captar financiamiento. Pareciera, incluso, que estuviesen mejor preparados para una politica horizontal que para una partidista.

Dígase lo que se diga, la gran utilidad del humanismo cristiano fue que proveía de una matriz ideológica capaz de satisfacer los sueños de los no cristianos e, incluso, de los no humanistas. La “Revolución en libertad” de Frei Montalva, que a través del sindicalismo y la educación pretendía mejorar las condiciones de vida de los sectores marginales, sería por mucho tiempo la última política construida en base a acuerdos; el presidente que le siguió intentaría hacer la revolución con el apoyo del 36,3 % de la población.

Pasaron los años y esa búsqueda de participación de las mayorías en el poder dio paso, también en el curso de sólo una generación, a la defensa cerrada de una endogamia caracterizada por reparticiones de directorios, lobby desregulado y tibieza en responder a actos de corrupción de sus miembros.

Pienso en la frase de Cicerón y, después, en la fisura que a veces se forma entre las ideas y los que en un principio las impulsan y aquellos que sólo se dedican a rentar del capital político derivado de ellas. “Forget it Jake. It’s Chinatown.”

Text 8 Dec El despropósito

Hace cuatro o cinco años escribía para una página de crítica de cine. Recuerdo que uno de los miembros del equipo estaba urgido por cambiar rápidamente el mundo, y pensaba hacerlo a través de…..la crítica de cine. Es así como nos arengaba con frases como “el cine es una guerra” o “todo es político”, buscando supongo hacernos conscientes de las condicionantes económicas, sociales y culturales en los fenómenos humanos y que escribiéramos intentando influir en ellas.

En sus textos ya el título tenía un pequeño número, y uno debía ir al final de la página para descubrir la correspondiente referencia a un semiólogo francés, y al final eran tantos los paréntesis y las citas y los números que no es que uno no entendiera lo que decía, sino que dudaba de si como simple mortal se merecía acaso entender algo. 

Confieso que me encantaba ser editado por Carolina, la editora. En esa indignación por el cambio de una coma estaba la profunda satisfacción de sentirme importante (“me editaron mi texto”….). Nadie leía mucho al otro o si lo hacía era para competir -lo cual lo transformaba en un espacio bastante neoliberal-, pero como escuela funcionaba, como lo demuestra que mucha de la gente que pasó por ahí son hoy cineastas y profesores reconocidos. Quiero pensar que nunca dejamos de escribir en ese estado de ánimo que un crítico de “El Amante”, la revista cinéfila argentina, describió como “con rabia y sin perder la alegría”.

Allí escribí cosas como estas que aún me gustan. Hay un par de errores de redacción, lo que me señala que no me editaron lo suficiente.

“Todo es político”… Esa es una frase que he escuchado en varias ocasiones, en todas dicha con seguridad evangélica, como recordando una gran Verdad Revelada o confiando que su sola pronunciación es un acto de justicia con el mundo. Esto de considerar lo político como causa y consecuencia y verlo todo teñido por su influjo es extraño: el aire también está implicado en todos los actos humanos pero no decimos a cada rato que “todo es aire”. No hay que ser lingüista para saber que si un concepto define todo, entonces no define nada.

Y aunque pudiera es dudoso que todo lo fuera. Si entendemos lo político como un acto orientado a fines, que busca el poder (haciéndole el quite a si es voluntario o no, a si es consciente o no), entonces se sale de eso el juego, una actividad que los humanos hacen incluso en las guerras. El juego es un acto con una finalidad en sí mismo y una utilidad difusa para el futuro, y encontrársela siempre ha obligado a equilibrismos al teórico de turno.


Digo esto porque escribir es una especie de juego, y pienso ahora que la falta de intencionalidad o propositividad define muchas veces la honestidad o profundidad de un texto. O quizás es que mi modelo de crónica son las del escritor chileno Roberto Merino, de quien tengo “En busca del loro atrofiado”, libro que reúne sus columnas para LUN: ninguna concluyente, todas vagas, zigzagueantes, perfectas. En esa estructura está implícito lo que decía Jean-François Lyotard sobre todo buen poema, que es que siempre corre el riesgo de no tratarse de nada y es ahí donde radica su mayor poderío.

Text 23 Oct Estoy leyendo este libro

Así empieza “Ricitos de Oro”:

“En las profundidades de la espesura, más allá del río, en el mismo corazón del bosque, habitaba una familia de osos compuesta por Papá Oso, Mamá Osa y el Pequeño Osito. Vivían todos una existencia antropomórfica diseñada como familia nuclear y enmarcada en el espacio de una diminuta cabaña. Ni que decir tiene que todos lamentaban profundamente esta circunstancia, ya que, tradicionalmente, la familia establecida en torno a un núcleo no ha servido para otra cosa que para esclavizar a las mujeres, inculcar una moral farisaica en sus miembros e in fundir en las generaciones subsiguientes rígidas nociones de lo que se refiere a los respectivos papeles heterosexuales de sus miembros. Así y todo, intentaban vivir felices y procuraban adoptar las medidas necesarias para evitar tales peligros (entre otras habían optado por dirigirse a su retoño como “criatura”, en tanto que denominación desprovista de género específico).”

Y así “Juan y las habichuelas”:

“Erase una vez una pequeña granja en la que habitaban un niño llamado Juan y su madre. Ambos vivían excluidos de los círculos normales de actividad económica, y aquella cruel realidad los mantenía en situación de grave apuro hasta que, un día, la madre dijo a Juan que fuera al mercado con la única vaca que poseían y que la vendiera al mejor precio posible.

¡Ni por un momento pensaron en los miles de litros de leche que le habían robado! ¡Ni en las horas de placer que habían obtenido de la compañía de su bovina amiga! ¡Por no hablar del estiércol que se habían apropiado para abonar su jardín!. La vaca, de repente, había pasado a ser un objeto de su propiedad como cualquier otro. Juan, aún inconsciente de que los animales no humanos poseen los mismos derechos que los humanos –si no más- obedeció las ordenes de su madre.

De camino al pueblo, Juan se cruzó con un viejo brujo vegetariano, quien le previno acerca de los peligros que entraña el consumo de carnes y productos lácteos.

-Oh, no tengo ninguna intención de comerme esta vaca-dijo Juan-. La llevo al pueblo para venderla.

-Sí, pero al hacerlo no lograrás sino perpetuar el mito cultural de la carne de vacuno, descuidando así el impacto negativo que la industria cárnica ejerce sobre nuestra ecología y los problemas sanitarios y sociales resultantes de la consumición de carne. Sin embargo, jovencito, creo que aún eres demasiado torpe para desarrollar tales razonamientos. Te diré lo que haremos: te ofrezco cambiarte la vaca por estas tres habichuelas mágicas, que contienen tantas proteínas como el animal entero y, en cambio, se hallan desprovistas de grasa y sodio.”

 

Los tres cerditos”:

“Había una vez tres cerditos que vivían juntos en armonía y mutuo respeto con el entorno que les rodeaba. Sirviéndose de los materiales propios de la zona que habitaban, se construyeron cada uno una hermosa casa. Un cerdito se la construyó de paja, otro de madrea y el último de ladrillos fabricados a base de estiércol, arcilla y zarcilos y posteriormente cocidos en un pequeño horno. Al terminar, los tres cerditos se sintieron satisfechos de su labor y siguieron viviendo en paz e independencia.

Pero su idílica existencia no tardó en verse desbaratada. Un día, pasó por allí un enorme lobo malo con ideas expansionistas. Al ver a los cerditos, se sintió sumamente hambriento, tanto desde un punto de vista físico como ideológico. Cuando los cerditos vieron al lobo, se refugiaron en la casa de paja. El lobo corrió hasta ella y golpeó la puerta con los nudillos, gritando:

-Cerditos, cerditos, dejadme entrar!

Pero los cerditos respondieron:

-Tus tácticas de bandidaje no te servirán para amedrentar a unos cerditos empeñados en la defensa de su hogar y su cultura.”

 

Caperucita Roja”:

“Erase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja, que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello contribuía a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que era.

Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana.

De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.

-Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es- respondió.

-No sé si sabes, querida –dijo el lobo-, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques.

Respondió Caperucita:

-Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial- en tu caso propia y globalmente válida- que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino.”

Aún no me leo “El patito que logró verse juzgado por sus propios méritos y no por su aspecto personal”.

Text 18 Oct

Slavoj Zizek es un filósofo esloveno que sigue la escuela iniciada por Wilhem Reich en los 50 que une sicoanálisis y marxismo, y a la que alguien denominó con el extravagante nombre de “Freudomarxismo”. Esta escuela apunta al sistema capitalista como origen de la neurosis, y en consecuencia ve el fin de éste como un requisito para la cura social. 

La primera vez que supe de él fue por un amigo uruguayo, que me mostró “The Perverts Guide To Cinema”, sus videos en Youtube en que interpreta películas icónicas en la historia del cine. Mientras los veía mi amigo, por sobre mi hombro, me repetía cada par de minutos “y su novia es una voleibolista divina!”, lo cual lo hacía, por así decirlo, un muy buen discípulo y convertía la ocasión en un evento que al mismo Zizek le habría encantado.

Si tal como dice Harold Bloom el sicoanálisis es pura literatura, en muchos casos de la buena, se me ocurre que aplicarle literatura al cine ya es una bomba pop. Y eso es lo que hace y es Zizek, un popstar, “el filósofo más famoso del mundo” como dijo alguien: gracias a sus muchos libros publicados y su histrionismo ha pasado a  ser un referente en la cultura popular de los últimos años.

Hace poco tiempo una conocida me mandó un video de él en que habla de la caridad en el sistema capitalista, criticando la filantropía y proponiendo unir en una sola y auténtica iniciativa nuestros deseos de hacer del mundo un lugar mejor. Esto significaría una vuelta a un estado socialista, pero no al del viejo estado leninista, se apura en aclarar.

Los argumentos de Zizek cuestionan el consumo en donde por unos pesos se adhiere automáticamente a “causas”. Esta caridad mediada por el consumo capitalista, dice Zizek, no nos libra de la responsabilidad sobre el mundo que nos rodea y, en estricto rigor, ninguna caridad lo hará, y solo va a atrasar la búsqueda de soluciones más serias y definitivas.


 

Aún así, me pregunto cuánto de ese impulso caritativo es traspasable a una sola y gran causa común. Un acto caritativo es una iniciativa individual y arbitraria, y es probable que allí radique lo atractivo del asunto. Cuando hay otro encargado por ti de hacerlo se pierde esa motivación dramática que te lleva a felicitarte por tu acto, y eso es lo que busca la gente que lo hace, felicitarse.

De todos modos, el punto crucial sigue estando en los nueve minutos treinta segundos del video. Allí Zizek habla de la experiencia catastrófica de los sistemas comunistas del siglo 20, lo que a poco de terminar el video deja pendiente la pregunta más importante de todas: cuál es la lección aprendida, el factor determinante que hará que, esta vez sí, el esquema funcione.

Text 14 Oct Tumbling Dice

En un cuento de Kureishi un personaje que está en las últimas le pide a su amigo que le recite al oído “Tumbling Dice”, de los Rolling Stones.

Esto no tiene nada que ver con política, pero es que aún no hago el blog sobre redención. Keep on rolling.

Text 14 Oct Los jesuitas

Estudié en un colegio jesuita, y al poco tiempo de salir tomé conciencia del nivel de misoginia y clasismo que había en sus patios. Muchas veces creí morir esperando que terminaran las misas, mientras mis entrañas se movían al ritmo de un partido de fútbol que se hacía cada vez más vertiginoso en mi cabeza a medida que aumentaba la ansiedad. Me acuerdo que esa cruz que se hace tres veces no la sabía hacer y eso me daba vergüenza, asi que ensayaba un remedo frente al pecho y a la cara confiando que los demás siguieran mirando hacia el altar y no descubrieran mi farsa.

Para ser justos, es increíble como eso se combinaba con las cosas buenas: el humor, el espíritu solidario, los partidos de fútbol, y de parte de los curas el ánimo reflexivo que se desprendía de sus charlas.

Es cierto que la reflexión y el ayudar a otros nos hace sentirnos en armonía con el mundo (y con Dios, cómo olvidarlo). Conozco también otra: tener una relación normal con las mujeres. El lema del colegio es “Entramos para aprender, salimos para servir”, para servirnos una mujer agregaría yo. 

Los he defendido de mis amigos más de izquierda cuando la conversación gira en torno a lo diabólicos que son los católicos y cristianos en general. Hace un tiempo uno de estos amigos me pasó una revista que se había traído de una iglesia de Chiloé, llamada “Reflexión y liberación”. Me la pasó divertido, como diciendo (o quizás lo dijo) “mira, tus jesuitas”. “Gracias padre Miguel”, le respondí. Tenía varias columnas y entrevistas y destacaba la editorial escrita por un cura, José Aldunate s.j. Pocas semanas atrás me lo volví a encontrar como firmante de una carta publicada en El Mercurio. Es una linda carta, es como si tendiera una alfombra sobra la que pasen distintas éticas y estilos de vida, un acto de generosidad, finalmente.

P.D.1: En “El barón rampante”, el libro que escribió Italo Calvino al salirse del Partido Comunista, Cósimo, el protagonista, desafía a un jesuita. El jesuita saca su espada y pelean. Es una buena escena.

P.D.2: Tengo un amigo que después de vivir dos años en un monasterio budista en Valle de Elqui, ser devoto de los Hare Krishna, fundar una comunidad del Calendario Maya en Cajón del Maipo y tener variadas experiencias sicotrópicas por toda Sudamérica, ahora, pasados los treinta, va los Miércoles a misa en el colegio San Ignacio. No sé si esto habla bien o mal de los jesuitas, pero supongo que es un hecho de la causa.

Me enteré de esto estando en su casa, un Miércoles, cuando se tenía que ir. Lo acompañé hasta la puerta y vi que el centro de apoderados organizaba un ciclo de cine en que estaba programada “Las horas del verano”, un peliculón de Assayas.

Text 13 Oct Sobre el último libro de David Mamet

Supe por primera vez de Mamet viendo una entrevista a Paul Thomas Anderson, el director de “Boogie Nights” y “Punch Drunk Love”. P.T. Anderson contaba que en su primera semana en la Escuela de Cine de Nueva York había llevado como tarea de diálogos uno de Mamet, del guión de “Hoffa”, y que el profesor lo había calificado mal. Desde entonces se había retirado y dedicado a vagar por la ciudad.

 La anécdota se supone que es jocosa porque Mamet es reconocido como creador de los diálogos más notables de las últimas décadas, y al momento de escribir “Hoffa” ya era un escritor de prestigio. Es cierto que en ese aspecto, tal como dice Galemiri, es un delfín del dramaturgo Harold Pinter, pero quién no es delfín de alguien más?.

Hay leyendas que dicen que usaba un metrónomo para medir el tiempo de sus diálogos, etc, etc.

Hace unos meses, queriendo hojear su último libro: “The Secret Knowledge: On the Dismantling of American Culture”, lo bajé por error al kindle. Ya sabía que era una larga diatriba contra la política demócrata y no me interesaba leerlo, pero ya que lo había pagado lo leí.  

Por el lado bueno, significa una interesante revisión de los postulados de Hayek, Friedman y Thomas Sowell sobre la libertad económica y moral. Visto en retrospectiva, sorprende en todo caso que venga de un tipo que trabajó con Sidney Lumet (en “Veredicto”) y uno de los mayores exponentes de la competitividad como fruto y génesis de una cultura depravada. Si hay una constante en toda la obra de Mamet, es el impulso por mostrar las infinitas formas en que un ser humano puede engañar a otro.

También ese impulso está presente en “The Secret…”, y leerlo puede servir de antídoto contra aquellos que claman que el mundo les debe cosas, mientras viven tomando para sí lo que no están dispuestos a dar a los demás. Dice Mamet: “La gran debilidad del liberalismo es que aquellos que idean las nuevas Utopías Estatales, sean pillos o tontos, se proponen la bancarrota del sistema y restringir a los demás, pero nunca a sí mismos.”

No sé en qué parte Mamet dice que es un admirador de las obras de Brecht, y que éstas se sitúan muy por encima de sus escritos políticos. Para “The Secret…” habría que aplicar la misma regla, pues leyéndolo por momentos da la impresión que lo mejor de la raza humana se resume en John Wayne.

Pero esto no es cierto para el resto de su obra, pues soy de los que consideran que la obra ensayística de Mamet pelea por ser superior a sus películas y obras dramáticas. “La ciudad de las patrañas”, su libro de entrevistas compiladas por Leslie Kane “David Mamet in Conversations”, “Verdadero y Falso”, en que destruye y patea en el suelo “el método” del Actors studio, “Bambi vs Godzilla” y “On directing film”. Cabe mencionar que Mamet no es sólo un dramaturgo, ensayista, teórico y guionista de excelencia, sino también cada vez mejor director de cine.


Recuerdo la reversión de la fábula de la hormiga y la cigarra que hace el personaje de Don Ameche en su película “Things Change”: “Es bueno trabajar, Jerry, pero también es bueno divertirse. Había una vez una hormiga y una cigarra. La hormiga trabajaba muy duro, mientras la cigarra tocaba el violín. Llegó el invierno, y si la hormiga tenía todo para vivir la cigarra pasaba frío y hambre. La cigarra… se comió a la hormiga.”

Su mejor libro, “Los tres usos del cuchillo”, va siempre varias páginas más adelante que uno. Está escrito en tres actos y siguiendo la teoría del montaje de Eisenstein, según la cual un plano A unido a un plano B da una tercera idea, y esa tercera idea es la que impulsa la historia -en este caso la argumentación- hacia adelante. Mamet lo hace con velocidad de una frase a otra, por párrafos y de capítulo a capítulo. Su análisis del discurso político es de lo mejor que he leído y en él desarrolla una visión que alienta la escritura de este blog, que es que la política es parte del arte de contar historias y es la reflexión sobre las historias lo que nos hará libres.

Text 11 Oct Casi como la pulsera de Don Francisco

“Maldito amarillo” era un término usado en las películas de guerra de los ochenta para denominar a los soldados vietnamitas, y en los noventa y dos mil, en las universidades de izquierda para calificar a alguien que no era suficientemente radical.

Los que crean que el espectro político es de dos extremos que se unen, aquí tienen un excelente ejemplo.

Text 11 Oct Neoliberalismo

Se debe considerar que depende de quién diga las cosas el modo en que se reciben.

El neoliberalismo llegó a Chile en los 70’ de la mano de descendientes de la aristocracia vasco-castellana, que venían de estudiar en Estados Unidos, para implantarlo en una dictadura llevada por sus hermanos, primos y tíos. Mientras los militares torturaban y mataban, se repartieron las empresas del Estado entre ellos antes incluso de que se secara la gomina que tan generosamente se ponían en el pelo.

Por otra parte, tengo un amigo que en la última movilización estudiantil ha hecho suyos los postulados neoliberales, un poco porque los comparte y otro poco para provocar y salir del consenso santurrón del “sí, estamos todos con los estudiantes”….y desde la clase trabajadora suenan muy distintos (aún cuando no sea una de las cualidades distintivas de mi amigo lo de “trabajador”).

Un ámbito en donde el pensamiento neoliberal es especialmente interesante es en el de la política de drogas, donde teóricos como Milton Friedman proponen su legalización, postura que en Chile fue representada en solitario por el economista Alvaro Bardón. En este video Friedman señala que con la legalización de las drogas se evitaría, entre otras cosas, que “ciudadanos respetables se vuelvan delincuentes”.

Paradójicamente su apuro por dar a conocer al mundo estas libertades les ha hecho apoyar regímenes totalitarios, como fue el caso de Chile en los 80’, lo que lleva a pensar que a más pura la teoría más pura la dictadura que se busca para implantarla. Es cosa de leer hoy los textos de The Economist sobre China para percibir que comparten, a partes iguales, la fascinación por el crecimiento económico y cierta admiración morbosa por lo del partido único.

En su pesimismo ante cualquier iniciativa común y su visión trágica de la vida el neoliberalismo se asemeja al budismo, pero mientras el budismo insta prácticas para dejar las armas de lado el neoliberalismo empuja a las personas a tomarlas y pelear entre ellas pues eso nos traerá “beneficios”.

Para explicar el fracaso de los sistemas comunistas, el marxismo ha argumentado que se ha aplicado mal, y que para la próxima sí que funcionará (según Susan Sontag en eso, al igual que el sicoanálisis, lleva más de cien años). Los neoliberales, ante la concentración de capital, especulación financiera y manipulación de mercados, aumento de la brecha de ingresos, creación de monopolios y auge del corporativismo, adoptan una estrategia distinta: dicen que funciona perfecto.

P.d: En el mundo del cine también hay gente a la que Friedman le ha cambiado la vida.


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