Text 30 Dec

“La atención principal  de la sociedad rusa de ese tiempo la concitaban las reformas internas que estaban siendo llevadas a cabo en aquel momento por el emperador en todos los rincones de la administración estatal. Fue aquel período inicial del reinado que siguió al de la zarina Catalina la Grande, largo y prolongado, en el cual todo lo antiguo y anterior se consideraba anticuado e inservible y en el que además del impulso de cambiar lo fastidioso y dejar a las fuerzas jóvenes proceder a sus anchas, y aparte del motivo de que los defectos del Antiguo Régimen eran visibles y sus ventajas imperceptibles, se presentaban también numerosas razones de por qué es necesario eliminar lo viejo e introducir lo nuevo. Todo cambiaba, seguramente como un nuevo inquilino rehace su casa, en la que su predecesor ha vivido mucho tiempo antes de él. Era aquel momento temprano del reinado que cada pueblo vive unas cinco veces en un siglo. Un período revolucionario, diferente de lo que llamamos “revolución” solo por el hecho de que el poder está en manos del antiguo gobierno, y no del nuevo. En estas revoluciones, como en todas las demás, se habla del espíritu de los nuevos tiempos, de las exigencias de este tiempo, de los derechos del hombre, de la necesidad de que impere la sensatez en la estructura del estado y de la justicia en general. Bajo el pretexto de estas ideas, también entran en liza las pasiones más irrazonables del hombre. Pasarán el tiempo y las ganas, y los antiguos introductores de lo novedoso se aferrarán a su antiguo orden nuevo, ahora anticuado, y defenderán la decoración de su casa frente a la juventud que crece, que de nuevo quiere y necesita satisfacer su necesidad de probar fuerzas. Y exactamente del mismo modo ambas partes esgrimen argumentos que consideran ser la verdad; unos sobre el nuevo espíritu de los tiempos, los derechos del hombre y demás, y otros sobre el tiempo consagrado al derecho, las ventajas de lo conocido, lo acostumbrado, etc. Ambas partes solo aspirarán a satisfacer las necesidades de las edades del hombre.

Como siempre, los introductores de lo nuevo en 1809 tenían un ejemplo a imitar, y ese ejemplo era en parte Inglaterra y en parte la Francia napoleónica.”

(…) “Tantos unos como otros pensaban que el destino de la humanidad, y seguramente de Rusia y de todos los rusos, dependía precisamente de sus discusiones sobre la entrada o no entrada en vigor del decreto sobre los ministerios o los exámenes. Y precisamente en esto, como siempre, se confundían. Excepto aquellos que en esas discusiones encontraban la alegría de vivir, nadie estaba de humor para ministerios, exámenes, la emancipación de los campesinos, la entrada de jueces y demás. La vida, con sus intereses existentes en la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, el amor al hermano y a la hermana, al hijo y al padre, a la esposa y a la amante, discurría más allá de los decretos sobre los ministerios y los colegios. Como siempre, la vida con sus intereses en el trabajo y el descanso, el deseo y la pasión, las ideas y la ciencia, la música y la poesía, transcurre más allá de cualquier disposición estatal.”

Lo anterior es un extracto de “Guerra y Paz”, de Tolstói. 

Yo sólo puedo agregar: Feliz Año Nuevo.


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